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Voces Ensortijadas VI

Compartiendo instantes en lo espiritual

De la serie Voces Ensortijadas.
por Mª Gabriela López Suárez.
Tuxtla. Chiapas.

Una tarde soleada, de las que anuncian la llegada de la primavera y el acompañamiento musical del mantra Om Mani Padme Hum, trajo a la mente y corazón de Inés una de las experiencias espirituales más gratas en su vida, la mañana en la que junto con su amigo Mario habían compartido la meditación sin proponerlo.

Inés recordó que ese día el plan era hacer un recorrido, hasta cierto punto algo turístico, a un pueblo cercano a la ciudad donde ella vivía. Mario estaba de visita y tenía gusto por conocer lugares pequeños, sin el afán de querer comerse los espacios en un solo rato. Más bien disfrutaba caminar por las calles menos turísticas, observando la cotidianidad de la población, escuchando sus sonidos, percibiendo sus olores, colores, paisajes, rostros, incluso hasta sus miedos…

Cuando llegaron al pueblito a Inés le tocó hacer el papel de guía de turista, fue algo curioso porque ella tenía tiempo de no visitar el lugar y no recordaba el camino para llegar al centro. Entre una que otra pregunta con personas del pueblo, Mario e Inés se ubicaron.

El primer sitio al que se dirigieron fue al panteón, un lugar místico, sobretodo por el sincretismo presente. Recorrieron la poca infraestructura que quedaba de lo que fue una iglesia. Inés comentó algunas cuestiones referentes a las costumbres del lugar y Mario le sumó sus opiniones, tenía puntos en común con el lugar donde vivía por las influencias culturales. Al término de ese breve recorrido Mario hizo una especie de agradecimiento al espacio visitado.

Posteriormente, se dirigieron a la pequeña plaza central para ir a la iglesia del pueblo. Mario había leído algo sobre esta iglesia en un artículo, tenía especial interés por conocerla. Inés le explicó las normas que debía seguir, especialmente no fotografiar al interior, de lo contrario la pasarían muy mal.

Entraron a la iglesia, había mucha gente, entre turistas y habitantes locales que, en pequeños grupos, estaban haciendo oración. Se escuchaban murmullos, rezos, cantos, estos últimos seguían un ritmo algo nostálgico, como especie de plegarias.

Se percibía la luz que penetraba de las ventanas y se confundía un poco con el intenso humo que había, producto de muchas velas y veladoras prendidas.

Mario observaba atentamente, tenía ganas de acercarse a algún pequeño grupo para acompañarles en su oración, Inés le advirtió que eran prácticas muy familiares y que mejor buscaran un espacio para poder sentarse y observar. Así lo hicieron.

Se ubicaron en una de las esquinas cercanas al frente del altar, se sentaron en el piso como la mayor parte de la gente. En su búsqueda por reconocer el lugar, Inés observaba y trataba de recordar las veces que había estado ahí, no lo logró del todo. Al principio se sintió extraña, era la primera ocasión que permanecía más tiempo. Miraba a Mario y lo percibía tranquilo, relajado, entrando en ese ambiente místico que los rodeaba.

Finalmente, sin ponerse de acuerdo, cada uno aprovechó el espacio para hacer una meditación. Inés cerró los ojos, primero se sintió aturdida por los murmullos y cantos, luego comenzó a sentir su respiración y los ruidos quedaron en planos lejanos. Siguió respirando y fluyendo por varios minutos, sintiendo paz interior, hasta que un ruido fuerte la hizo volver a su presente y abrir los ojos.

Por su parte, Mario también había meditado, intercambiaron un par de miradas y algunas preguntas para saber si ambos estaban bien, habían logrando relajarse, ausentarse de ese mundo de gente sin salir de él sino conviviendo en él.

Decidieron que era tiempo de partir, la meditación había sido un regalo inesperado. Sin planearlo ese día, más allá de su amistad, habían estado compartiendo instantes en lo espiritual. Mario invitó a Inés a que hiciera el agradecimiento al espacio, por haberles permitido estar en él…

Om Mani Padme Hum… seguía sonando en esa cálida tarde, al tiempo que Inés nuevamente agradeció ese regalo espiritual.

Julio & Gloria

Bidean sale al camino al encuentro de otras voces. Llegadas desde Chiapas, México. Dos relatos, dos historias de vida. Un visión social sobre el trabajo infantil y una reflexión a través de la experiencia íntima de una mujer de frontera.
Ofrecidos por Geovanni López y Mª Gabriel López. Alumno y maestra de la Universidad Intercultural de Chiapas.

Voces ensortijadas V

 

Llegaron las lluvias… y el nucú

De la serie Voces Ensortijadas.
por Mª Gabriela López Suárez.
Tuxtla. Chiapas.

Me encanta despertar temprano en Tuxtla Gutiérrez cuando es temporada de lluvias; una de las bellas postales que se puede apreciar es cuando van dispersándose los restos de agua que quedan entre los cerros, ocultándolos en forma de enormes algodones blancos. El sol se encarga de hacer lo suyo, mientras se asoma y comienza a iluminar el verde que todavía conservan algunos cerros en la capital.

El olor a tierra mojada es un deleite total, sin embargo, como todo ha ido cambiando, ese aroma ya no se percibe como antes, entre tanto asfalto se ha acabado con mucha vegetación que había y el ciclo de lluvias se ha transformado drásticamente ocasionando muchos deterioros e impactos ambientales.

Sucede que en esta temporada de lluvia hay quienes, además de agradecer que llueva para refrescar un poco el hornito en que se ha convertido Tuxtla, nos deleitamos el paladar con la llegada del nucú, la hormiga grande como la llaman algunas personas que no son originarias de Chiapas. En Tuxtla le conocemos como nucú, en otras regiones del estado como sompopo, chicatana, tzintzin, entre otros nombres más.

El nucú es un distintivo gastronómico de nuestra región chiapaneca, desde mi percepción cada año se vuelve más cotizado, tengo mis supuestos, quizá porque ya no abunda como antes y eso hace que su precio se eleve. O también por todo el trabajo que implica en la preparación previa a su venta, un trabajo que a veces es poco valorado.

Recuerdo que hace años, era común que en la temporada de lluvias salieran estas hormigas. Según relatos en mi familia, algunas personas recolectaban tanto nucú que llenaban cubetas, ‘hasta con escoba lo barría la gente’.

Me agrada recordar el anuncio que hace la naturaleza cuando saldrá nucú, y le llamo así porque es una especie de indicador para estar  al pendiente si se quiere recolectarlo; el anuncio lo hacen una especie de insectos, ‘pequeñas palomitas’, así les llamamos en mi familia. Estas palomitas comienzan a  revolotear y se ponen cerca de donde hay luz. Se acostumbra dejar focos prendidos toda la noche, la luz es un factor clave para atraer a las hormigas, así como también es muy importante madrugar para poder ‘agarrar nucú’. Del proceso de recolección no les cuento porque no he tenido esa experiencia, lo que he escuchado es que debe tenerse práctica para no ser presa de los piquetes de las hormigas.

La preparación del nucú implica todo un proceso de trabajo, suele ser laborioso y en la actualidad es probable que muchas personas no sepan cocinarlo.

Cada año espero con gusto esta temporada para degustar nucú, no puedo evitar que vengan a mi mente las diversas imágenes de las anécdotas que hay en mi contexto en torno a este alimento. Llegaron las lluvias… y el  nucú, alegres los corazones, ojalá muchas generaciones puedan continuar disfrutando de conocer y degustar este platillo.

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(Mª Gabriela López Suárez es comunicadora intercultural, activistas y profesora en la Universidad Intercultural de Chiapas. Coautora del libro; “Comunicación Intercultural. A diez años de la Universidad Intercultural de Chiapas.”)

Voces Ensortijadas IV

 

PASO A PASITO

De la serie Voces Ensortijadas.
por Mª Gabriela López Suárez.
Tuxtla. Chiapas.

Una tarde cálida de las que anuncian la llegada de la primavera, entre el vaivén del aire que comenzó a correr, llevando la hojarasca y agitando las hojas de los árboles, Rosalía decidió tomarse una siesta. Sí, así como lo leen, “decidió darse su espacio de tiempo para dormir un rato”.

En su cotidianidad no había espacio para siesta, el tiempo era apremiante, sin embargo esa linda tarde ella durmió, aún con lo cálido del clima, se dejó abrazar por la sensación de disfrutar el descanso, arrullada por el cántico de diferentes aves.

Después de algunas semanas de nuevo ritmo en su andar, Rosalía comenzó a darse cuenta que la vida se puede vivir sin tanta prisa. Sucede que como en casi todo, a cada persona le tiene que pasar algo, o varias experiencias en la vida para tomar lecciones de eso y continuar el camino, fluyendo tal cual hacen los ríos, esos que por fortuna aún quedan y podemos continuar preservando y disfrutando.

Su camino tomó otro giro a raíz de una caída, ésas que duelen hasta el alma por lo fuerte que son y que lleva un poquito de tiempo para asimilar. Luego del impacto, vino la calma, los apapachos y la recuperación. Por fortuna no fue nada grave. Sin embargo, en ese lapso de tiempo, Rosalía se vio en la necesidad de disminuir su ajetreado ritmo, normalmente iba y venía, casi a contra reloj. Esta experiencia le cambió un poco esa dinámica.

Rosalía se descubrió caminando paso a pasito, sí, como cuando uno no lleva prisa. Al principio le costó y bastante, era algo con lo que ella no está acostumbrada, su cuerpo le requería ahora un nuevo ritmo y su espíritu más.

En esta nueva faceta, se vio y comenzó a ver a su alrededor con otros ojos, más bien, empezó a observarse y observar su entorno. Recordó las ocasiones, muchas, donde iba envuelta en sus múltiples pendientes o actividades al tiempo de caminar aprisa. Pasando desapercibidas algunas cuestiones de lo cotidiano, excepto alzar la vista al cielo y fugazmente echar un vistazo para apapachar con esto su corazón. Ahora, cada paso tomó otro sentido, lo fue valorando más y se empezó a cuestionar,

¿En realidad vale la pena ir siempre con tanta prisa? Puedo continuar haciendo mis actividades y no necesariamente debo ir a mil por hora.
El incesante tic tac del tiempo está ahí, ése no para, está continuamente moviéndose, ante eso Rosalía no puede hacer nada, pero la experiencia que vivió le permitió asimilar lo positivo, en la vida la prisa puede quedar a un lado; vale la pena vivir llevando un ritmo menos ajetreado. Ahora ella reconoce que en la medida que cada persona se permite vivir su tiempo, se generan otras experiencias, se puede disfrutar más cada instante, sin estar con la constante zozobra que se debe correr para llegar, también se puede llegar a cada destino paso a pasito.

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(Mª Gabriela López Suárez es comunicadora intercultural, activistas y profesora en la Universidad Intercultural de Chiapas. Coautora del libro; “Comunicación Intercultural. A diez años de la Universidad Intercultural de Chiapas.”)

Voces Ensortijadas III

 

HOJARASCA

De la serie Voces Ensortijadas.
por Mª Gabriela López Suárez.
Tuxtla. Chiapas.

Se mecen al vaivén del viento, en una tarde fresca del segundo mes del año, febrero, se desprenden y poco a poco van cayendo al piso. Inundan el patio, se suman a las que ya están decorándolo, tal cual alfombra extensa en color café, hay diversidad de tonalidades, formas y tamaños, es la hojarasca.

La hojarasca, encierra todo un mundo, al menos para mí. El crujir que se escucha al entrar en contacto cuando caminamos lenta o rápidamente sobre ella es un deleite para los oídos, crash, crash, crash, mientras cierro los ojos e intento imaginar historias, pasajes mágicos, qué hay bajo ese cúmulo de hojas secas que se conjuntan al caer, qué seres misteriosos de la naturaleza habitan ahí.

El viento es un aliado para que la hojarasca se forme, eso sin dejar a un lado el paso del tiempo que indica que los árboles van mudando de hojas, es el anuncio que en breve estrenarán nuevas hojas y que la primavera está muy cerca.

La hojarasca me recuerda a la renovación que sucede con las personas, para mí cada hoja que se desprende con el paso del tiempo puede asemejarse a lo que ya no deseamos, a lo que renunciamos, lo que no nos hace bien, lo que nos resulta poco divertido, lo que nos impide crecer en diversos ámbitos. Quizá es una especie de desprendimiento, de soltar, para dar paso a los cambios, esos que se traducen de diversas formas en cada etapa de la vida humana y que contribuyen a ser mejores personas.

De nuevo, me centro en el viento que cobija la tarde, revolotea mucho, se escucha el ladrido de un perro, otros más le secundan en diversos planos; el movimiento de las hojas continúa, como una especie de arrullo al corazón, al espíritu, el sol me hace guiños y se posa brevemente sobre mi rostro al momento que tecleo estas líneas. Es la indicación que la tarde está por despedirse. Vuelvo la vista y ahí están, hoja tras hoja depositadas en el piso, la hojarasca… qué destino tendrás, las jardineras cercanas, serás abono para las plantas y flores… hojarasca que me deleitas y me haces evocar nostalgias, historias y que a la vez me indicas que la vida es un ciclo, un ciclo que no se detiene, donde la renovación es vital para continuar andando, así al vaivén del viento, crash, crash, crash… al tiempo que el sol se despide, ocultándose tras el cerro vecino.

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(Mª Gabriela López Suárez es comunicadora intercultural, activistas y profesora en la Universidad Intercultural de Chiapas. Coautora del libro; “Comunicación Intercultural. A diez años de la Universidad Intercultural de Chiapas.”)

Voces Ensortijadas II

 

DULCE DELEITARSE

De la serie Voces Ensortijadas.
por Mª Gabriela López Suárez.
Tuxtla. Chiapas.

¿A ustedes les gustan los dulces regionales? A mí sí, es algo de las cosas que disfruto en la vida, degustar los dulces tradicionales de cada lugar que conozco, pero eso sí, prefiero los dulces chiapanecos con su gran variedad de colores, texturas, olores, sabores y por supuesto, el toque distintivo que le dan en cada región de Chiapas.

Me gusta comprar los dulces tradicionales en los mercados, quizá porque, además de sus sabores, uno de los elementos que me atrae más es observar la manera en cómo están colocados. Las señoras que los venden se dan la tarea de ordenarlos, de tal forma que resultan tan atractivos a la vista, es raro que me resista a comprar alguno de ellos cuando voy al mercado.

Y entre la inmensa variedad de dulces que preparan puedo mencionarles: Muéganos, con azúcar o panela, gaznates, empanizados de cacahuate, palanquetas de cacahuate, caballitos, turuletes, suspiros, chimbos, puxinú, turrones, obleas, higos, cupapé, duraznos pasa, camotes, chilacayote, melcochas rellenas de cacahuate o melcochas de panela; en ciertas ocasiones hay papaya verde en dulce, raras veces he encontrado dulce de pepita de calabaza con panela, entre muchos dulces más.

¿Se han dado cuenta que conforme pasa el tiempo, en esta incesante cotidianidad y premura en que vivimos, la elaboración de estos dulces (como otras actividades tradicionales y culturales de nuestros contextos) va disminuyendo? Antes, en Tuxtla Gutiérrez era común que las señoras pasaran vendiendo sus dulces de casa en casa. En la actualidad es algo extraño cuando una escucha afuera del domicilio aquella frase que tanto sonaba: ¿Va a querer dulce de caballito, turulete, puxinú, oblea? Vino a mi mente la entonación que le daba cada señora, frase que se ha ido perdiendo y que probablemente las nuevas generaciones ya no conocen. Visualizo en particular a una de las vendedoras, de estatura baja, tez morena, delgada, portando falda larga y floreada, blusa blanca con vuelitos y un inconfundible rebozo negro.

Detrás de cada delicia de dulce que se elabora hay muchas historias que pasamos desapercibidas y están ahí, desde la manera y el por qué las mujeres comenzaron a dedicarse a la preparación de esos dulces, el significado que le dan en su elaboración. En algunos casos han heredado estos conocimientos de sus ancestras, la receta especial que tienen algunas familias, hasta la riqueza que hay en las frutas o ingredientes que se emplean y su vínculo con las culturas de nuestras regiones, ciudades, pueblos.

Indudablemente los dulces tradicionales tienen una estrecha relación con la cultura de cada lugar, son una parte fundamental de la gastronomía. La siguiente vez que compren algún dulce tradicional para degustar o para obsequiar, recuerden que además del producto, se están llevando muchos trocitos de historias de quienes estuvieron en su elaboración. ¿Va a querer dulce de caballito, turulete, puxinú, oblea?

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(Mª Gabriela López Suárez es comunicadora intercultural, activistas y profesora en la Universidad Intercultural de Chiapas. Coautora del libro; “Comunicación Intercultural. A diez años de la Universidad Intercultural de Chiapas.”)

Voces Ensortijadas I

 

LA CAJITA DE LOS SONIDOS

De la serie Voces Ensortijadas.
por Mª Gabriela López Suárez.
Tuxtla. Chiapas.

 

Hago memoria y no logro recordar cuándo fue la primera ocasión que escuché la radio, sin embargo, asoman las imágenes auditivas de programas como La tremenda corte con el inolvidable Tres Patines, así como también el personaje de Kalimán el hombre increíble. De igual manera se vienen a mi mente algunas canciones de Cri-cri y por supuesto, están las anécdotas y experiencias que comparte mi familia en torno a cómo era la radio hace algunas décadas, la magia de las radionovelas y cómo se congregaban para escuchar éstas.

Cuando cursé la licenciatura en Ciencias de la Comunicación tuve la oportunidad de conocer un poco más sobre la radio, sus géneros, sus etapas de producción y todo el trabajo que engloba el hacer radio. He de compartirles que me encantó, desde ahí he tenido la fortuna de coincidir en varias actividades colaborando en distintas producciones radiofónicas. Y por supuesto, una de mis tareas cotidianas es escuchar radio.

La radio es uno de los medios de comunicación que permanece vigente aún con la presencia de las redes sociales; la radio sigue, está de pie, es un medio que ha trascendido fronteras y que en pleno siglo XXI para algunas comunidades o lugares recónditos en la entidad o el país, es el principal medio para comunicarse.

Si hay un medio en donde la imaginación y la creatividad se conjuntan con la voz, la música y los efectos es la radio. Podría decir que es una cajita mágica, porque integra una diversidad de sonidos y de contenidos.

¿Cuántas de ustedes escuchan la radio? ¿Les gusta escuchar radio? ¿Qué programas prefieren? Al igual que con la lectura, en la radio hallamos una diversidad de opciones radiofónicas para escuchar. En la actualidad se puede escuchar la radio no sólo a través de un aparato radiofónico como era antes, sino también a través de los teléfonos celulares, para quienes tenemos oportunidad de contar con acceso a internet podemos escuchar la radio en línea y conocer producciones de otras ciudades, entidades o países del mundo. Además, la radio, nos permite realizar otras actividades mientras escuchamos algún programa, ésa es una de sus ventajas.

La radio tiene diversas funciones, informar, entretener, divulgar la cultura y sobre todo, una muy importante educar, desafortunadamente, esta última función se ha olvidado en muchos programas, dándole mayor énfasis al entretenimiento.

La radio es también un medio que une corazones, pensamientos, luchas, un medio para compartir la palabra, para escucharnos, para reconocernos. En este sentido, les invito a escuchar la radio revista Palabras sonoras, un espacio construido desde las luchas y movimientos sociales para la defensa de los territorios, la cultura y la vida. Palabras sonoras es una producción de la Red de Comunicadores Boca de Polen que se transmite los martes de 5 a 6 de la tarde, por la 99.1 Frecuencia Libre, Radio Ciudadana, y en línea a través de frecuencialibre991.blogspot.mx

Esta radiorevista que inició su transmisión el pasado 16 de enero del año en curso, es un proyecto colectivo que integra contenidos informativos, culturales, de denuncia, entretenimiento. Las corresponsalías son uno de sus distintivos, integrando con ello noticias de Chiapas y de la ciudad de México.

Les reitero la invitación para escuchar la radio, Palabras sonoras es mi recomendación especial en esta ocasión, indudablemente hay un extenso abanico de opciones que les aseguro vale la pena que inviertan un espacio de su tiempo para buscar, escuchar y entrar a conocer nuevos mundos, o re-conocer los que resulten cotidianos.

Ver original

(Mª Gabriela López Suárez es comunicadora intercultural, activistas y profesora en la Universidad Intercultural de Chiapas.  Coautora del libro; “Comunicación Intercultural. A diez años de la Universidad Intercultural de Chiapas.”)